32. Cuando el cuerpo cura, Alma lleva

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Ay, dolores de mi cuerpo. ¿Los sientes tú también?

El Curso nos avisa: sólo la mente puede y debe curarse. Si la mente cura, el cuerpo también, pues es un recurso a su disposición.

Ay, mis dolores me gritan: No tienes la mente cuerda.

La paradoja es que si quiero curar mi cuerpo, no curaré nada, porque ese deseo proviene del miedo. Miedo a no tener un cuerpo diez, en todos los sentidos. Y el miedo a estar enfermo, me enferma, porque el miedo es enfermedad.

La paradoja es que el cuerpo sólo se cura cuando me importa un bledo. ¡Tengo la mirada puesta en un sitio más importante!

Cuando me sumerjo en Dios, y acepto su Luz como el espíritu que soy y digo: Dolores, ya no me hacéis falta, este cuerpo es muy útil y precioso porque es el instrumento de mi alma. Y si blanca y brillante es la Madre, blanco y brillante puede ser el hijo.

El cuerpo existe, pero indirectamente, como un reflejo del Alma.

Ay, cuerpo, ya no necesito que me duelas, ¡podemos bailar juntos en la Luz!

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