33. Insi-Dioso

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«Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: «Es un sombrero». Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.» (El Principito, Cap. 1).

Uno no puede ir hablando del curso así sin anestesia.

Es como hablar a gritos desde el asteroide B612 a Alpha Centauri.

¡Hace falta al menos un macarrón con dos envases de yogur al final para que haya comunicación!

No tendríamos que dejar de ser razonables. Es decir, materialistas. ¡Quién quiere parecer un loco!

Pero tampoco uno puede dejar de decir lo que siente. Y entonces, te vuelves insi-Dioso. Cuelas subrepticiamente ideas peligrosas en tu conversación, lo suficientemente razonables para no provocar levantamientos de cejas, pero que dejan un poso de perplejidad. Como un picor en un brazo escayolado.

Dios se nos cuela por todos lados.

Incluso cuando hablamos de bridge, golf, política y corbatas.

2 respuestas a «33. Insi-Dioso»

  1. Estoy de acuerdo. Es como ir adaptando tu propio idioma a distintas situaciones. Pero a veces la distancia es tan grande, que parece que se hablan idiomas distintos, entonces la comunicación parece vacía y consume energía.. en ese momento me doy cuenta que no seré comprendida y siento la melancolía del tiempo pasado al mismo tiempo que intento aceptar que cada uno hace lo que puede.

    1. Muchas gracias por el comentario. Muy interesante. Me quedo con la curiosidad por el sentimiento de nostalgia del pasado. El pasado en esta vida? La infancia? Otras vidas pasadas?

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