36. Grandes éxitos

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Creo que casi todos los estudiantes del Curso hemos caído en la trampa de la intelectualización. Que había que desentrañar, esquematizar, definir… Mi mente parece estar llevándome por otros derroteros.

Veo Un Curso de Milagros como un gran poema, que hace espirales, dibujando un mismo círculo pero con imágenes diferentes. No hay tanto que entender, porque todo es increíblemente sencillo. Amor-Miedo, Realidad-Ilusión. No hay mucho más.

Pero Jesús, a la manera de Dylan, te canta la misma canción en estrofas ligeramente diferentes. Para que te empape bien, hasta los huesos y limpie el pesado plomo acumulado en el sueño.

Es un poema, en el que te mete esos hitazos, esas frases que dilatan pupilas. «Nada irreal existe. Nada real puede ser amenazado», «Este no es el Evangelio que vine a ofrecerte», «¿Preferirías tener razón a ser feliz?». Y así hasta el infinito.

Y me vienen visiones de alguien en volandas sobre los fans en un concierto. O de un recital en un pub decrépito, cuatro gatos con los ojos arrasados en lágrimas.

Y Jesús es un rapero, trapero, reguetonero, blusero, roquero.

Él tiene para todos, no se cansa, lo suyo es paciencia infinita.

Quiero más.

Encore.

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