47. Tarareando el Capítulo 9 de UCDM: La aceptación de la Expiación

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No te fíes de mis ojos, ¡estoy soñando!

Somos un pececito de colores soñando. Un espíritu bañado en las aguas del Amor, pero olvidado de sí mismo y entretenido con el canal de series «Puro drama». Y soñando, soñando, creemos sufrir, ser atacados, cuestionados, no valer lo suficiente.

Aceptar nuestra realidad es recordar el pececito feliz que somos. El agua nos protege, nutre y divierte eternamente, nada nos falta. Pero la pantalla es muy entretenida, nos consume toda la atención y nos creemos ese ser lleno de problemas y retos.

Estamos tan angustiados en el sueño que rezamos para resolver nuestros problemas específicos. ¡Necesito eso! Pero la respuesta a la oración rara vez nos llega en la forma que nos gustaría. ¿Para qué pedir entonces? ¿O es al contrario? ¿Y si siempre recibimos exactamente lo que pedimos? Si elijo tensión, veo tensión. Si elijo compasión, veo compasión. Quizás mi mente no sea tan insignificante como parece. Sembramos y cosechamos en consecuencia. ¿Qué cosecho? Lo que me den mis hermanos. En ellos veo lo que sembré. Ellos son la respuesta a mis oraciones, porque ellos me muestran qué es lo que realmente deseaba. ¡Observemos los resultados de nuestra vida para ver qué andamos pidiendo!

En el sueño hay toda clase de errores. ¡Pero si el sueño lo hicimos nosotros! ¿Pero qué importancia tiene un error en el sueño? Pues muy relativa. Todo lo que nos mantenga en el sueño es error, todo lo que nos despierte, acierto. Pero el verdadero error es «ver» el error como algo grave. La corrección del error en los demás no es nuestra función porque esa propia actitud correctora es un error. La corrección del error en mí tampoco es mi función, porque yo creé todo el tinglado. ¿Cómo salgo de aquí? ¡Tenemos la Luz, el Espíritu Santo! El despacha perdón como en Globo, a domicilio y en unos minutos, con tan sólo una llamada.

El plan del perdón del Espíritu es muy divertido porque consiste en pasar por el alto el error no admitiendo que lo fuera. El ego perdona, diciendo «Has pecado, pero en mi magnanimidad, te perdono». Para mí un ejemplo de actitud de verdadero perdón es el artista independiente de «Pero …¿Quién mató a Harry?» de Hitchcock.

Un sanador no sanado es aquel que quiere dar sin tener antes. ¿Nos suena de algo? Si es lo que hacemos a diario: recomendar a otros, aconsejar… He perdido la cuenta de todas diferentes recetas que he ido vendiendo por ahí. Solo hay un Terapeuta, es la Luz, el Espíritu. Lo que único que podemos hacer es dejar que Él nos cure, permitiendo. Con él, ¡resultados garantizados! Un ejemplo del poder curativo de la Luz es Cay Villars y sus Círculos de Luz (https://joininginlight.net/).

Pececito sólo hay uno, porque formamos una unidad. Sólo con la aceptación de mi hermano puedo alcanzar la paz. Obrar milagros es un expresar amor compartido, en el que damos y recibimos al mismo tiempo.

En el sueño como tomadores de decisiones sólo tenemos dos evaluaciones posibles: la de la unión o la de la separación. Si no somos completamente felices, ya sabemos la que elegimos. Grandeza o pequeñez, he aquí la cuestión.

Nuestra grandeza viene de nuestra Fuente. El ego sólo nos ofrece la montaña rusa de la grandiosidad-pequeñez. La grandeza bendice, la pequeñez, ataca. Nuestra valía no la establecemos nosotros, ni nadie aparentemente fuera. Nuestra valía es un hecho porque proviene del Amor. ¡Podemos descansar, no tenemos nada que demostrar!

46. De convulsiones, madres y nada

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Te vi en el parque esta mañana paseando al perro. Había una señora haciendo lo propio con su perro C. Llevaba guantes y mascarilla.

De repente, C empezó a convulsionar. Estaba en el suelo, lleno de miedo, espuma en el hocico. Ella comenzó a llorar. Le había pasado sólo una vez, hace ya muchos años. Restos de un vómito de hierba a su lado.

Te acercaste corriendo. «¿Qué se puede hacer?». Ella, «Nada, tan sólo esperar».

Tú querías abrazar a C, darle besos y decirle que no pasaba nada. ¡Pero no podías (Covid mediante)!

Pediste un milagro en tu mente.

C se levanta. Tambaleante. Se va estabilizando. Y poco a poco se va recuperando. Ella ríe todavía con lágrimas en los ojos.

Otro hombre con un perro pasa en ese momento. «Es normal. ¡Cuando comen hierba les puede suceder eso! Ya mismo se le pasa». Y se va.

¿Qué ocurrió aquí? ¡No sé!

Sólo sé que quisiste ser como una madre. Elegiste ayudar sin tener miedo, sin lágrimas. Simplemente ayudar sin dar realidad a lo estaba pasando. Hacerte cargo de las causas sin prestar atención al ruido y a la furia.

Ver las formas NO nos ayuda a entender lo que ocurre en el mundo de la forma. Hay una corriente de significado detrás, invisible, todo un mundo de pensamientos y decisiones que florecen en el mundo, como surgiendo de la «nada».

Esa «nada» es más real que esto que tengo delante de mis narices.

45. Avances, retrocesos

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Me vino esta imagen durante la meditación de la mañana:

Avances en la integración de UCDM.

Por ego consciente me refiero a ese momento en el que uno toma conciencia de que el ego está al mando, pero al menos ya te das cuenta. Ahora ves el error, que es el paso inicial para poder corregirlo de la mano del Maestro ES.

Para mí el miedo crece temporalmente en la fase del ego consciente (el máximo de la curva de Miedo). Es por eso que a veces al iniciar el estudio de UCDM sufrimos una gran convulsión. Es ahí justo arriba también cuando tenemos dos opciones: o resbalar hacia atrás para quedarnos estancados en el campo de batalla (el ego nos tira hacia abajo, abandonamos el Curso) o dejarnos caer hacia delante y deslizarnos por la curva del amor impulsados por el Espíritu.

Me imagino como montado en un trineo, intentando coger todo el impulso que puedo. Y subo, subo, subo… Y se para.

Y caigo para atrás.

Y vuelve el nublado.

¡A ver si un día salimos volando arriba, arriba!

44. Ayunos

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Quizá estos días confinados no sea tan prioritario comer poco.

Y tampoco lo sea escuchar menos noticias.

O movernos mucho.

O mandar menos whatsaps. O mandar más.

Lo que me vendría bien es ayunar de:

– dar consejos: «Deberías»

– usar imperativos: «Haz»

Si adquirir compromisos sirviera para algo, si mi mente recta fuera consistente, haría una solemne promesa: No más consejos. No más imperativos.

Nunca más en mi vocabulario.

Tu hermano (persona, animal, cosa) es un Hijo de Dios, tan libre como Dios lo parió.

¿Cómo osar interferir en su santa libertad, que es también la mía?

43. No hay más

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Sólo vivo durante la meditación. La ventana directa a la Consciencia, la Presencia, el Gran Amor.

En UCDM puedes cambiar «mente» por «Presencia», «perdón» por «Presencia», el «Reino» por «Presencia». Es divertido ver cómo todo el libro es un canto a la Consciencia y cómo puedes darle diferentes nombres.

Cuando meditas, entras en el Reino donde todos los Regalos de Dios nos aguardan: dicha, paz, amor.

No parece gran cosa, ese silencio.

Sobre él surgen los 3 movimientos: percepciones, sentimientos, pensamientos. Aunque se reducen a uno, la mente, porque sentimientos y percepciones son variaciones del pensamiento.

La mente errada es el pensamiento, la mente recta es el silencio de la presencia.

Los días en los que no medito, no existen, no cuentan. Meditar es vivir.

No tengo 42 años. Confieso que he vivido, quizá, no más que algunas horas.

Sólo existe la meditación. No hay más. Lo demás es la nada.

42. Confinados

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No hay peor confinamiento que el de mis propios juicios.

Siempre mordiendo la misma piedra.

¿Crees que algún día nos cansaremos?

Podemos estar encerrados en un piso, pero lo de mi mente es mucho peor.

Qué hábito más cansino.

Te deseo una rápida salida del confinamiento.

El Amor es contigo.

41. Un día cualquiera, quizá

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Imagina despertar una mañana y sentir una felicidad dentro como un río de agua viva.

Que diera igual qué tarea, qué encuentros, qué obligaciones aparecieran por delante.

No habría juicio, ni preferencia, ni prioridad.

Imagina una llanura feliz eterna coloreada tenuemente por los caprichos de la forma, el pensamiento y la percepción.

Y así otro día y otro.

Y no nos servirían toneladas de cosas aprendidas para clasificar y ordenar. Para ir más rápido y ganar más.

¿Más de qué?

Si estás desbordado por dentro. Si no te puedes contener.

Si ya no hay días.