41. Un día cualquiera, quizá

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Imagina despertar una mañana y sentir una felicidad dentro como un río de agua viva.

Que diera igual qué tarea, qué encuentros, qué obligaciones aparecieran por delante.

No habría juicio, ni preferencia, ni prioridad.

Imagina una llanura feliz eterna coloreada tenuemente por los caprichos de la forma, el pensamiento y la percepción.

Y así otro día y otro.

Y no nos servirían toneladas de cosas aprendidas para clasificar y ordenar. Para ir más rápido y ganar más.

¿Más de qué?

Si estás desbordado por dentro. Si no te puedes contener.

Si ya no hay días.

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