66. Egoterrorismo

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El ego y UCDM

El sueño del ego produce monstruos

Cuando alguien menciona la palabra «egoísmo», algo nos sacude por dentro.  No va conmigo.

Y ponemos Cara de Inocencia.

Y pensamos que no somos egoístas nada más que en contadas ocasiones.

Pequeños deslices.

Pero en general estoy libre de la plaga.

Confieso que soy egoísta un 99% del tiempo.

A lo que me dedico normalmente es a buscar mi propio interés, maximizar mis objetivos individuales.

Esa es mi área de negocio.

La naturaleza, en el mundo de la forma, tiene ese enfoque. Sobrevivir, obtener, maximizar.

Pero déjame decirte que veo más peligroso no reconocerlo.

Acepto mi egoísmo, lo siento a cada instante, lo veo.

También reconozco que me hace infeliz.

Cuando el Curso empezaba a darle caña al ego, me fastidiaba, pensaba: «Anda ya». Y me daba ganas de soltarlo.

Ahora veo más claro, cuánta razón tiene.

No hay que tener miedo a reconocer que somos egoístas. Es egoísmo, no egoterrorismo.

El 1% del tiempo en que no soy egoísta, estoy flotando. Recuerdo mi invulnerabilidad y lo divertido del juego. No me funciona pensar «soy invulnerable, eterno». Es una sensación que a veces viene, por ejemplo, paseando al perro, fregando los platos. Es un regalo. Como un paquete de Amazon, pero sin preaviso.

Puede sonar a derrota, a conformismo.

Pero no lo es. Saber que la felicidad es sólo el pico del iceberg, sobre una montaña de frío miedo, me pone en mi sitio. Como cuando te atas las zapatillas antes de la maratón.

Ego, estás conmigo, te quiero, pero eres muy pesado.

Quiero flotar, flotar.

Que el infinito nos mezca hoy.

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