85. Dios Madre-Padre

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Dios y UCDM

Nuestro manto protector (1)

Todos sabemos que Jesús usó la terminología cristiana clásica en UCDM por el mero placer de darle la vuelta y mostrar su significado más profundo. Así, tenemos al Padre, al Espíritu Santo, Expiación, Perdón, etcétera con una interpretación refrescante, y en algunos casos, opuesta.

Bueno, pues ando leyendo sobre el gnosticismo. Y cayó en mis manos «Los evangelios gnósticos» de Elaine Pagels. Y en él se llama la atención sobre dos pasajes de la Biblia:

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» (Génesis, 27).

«Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco» (Evangelio San Marcos 1:9-11).

En la primera cita se hace referencia a que Dios hizo al hombre a su semejanza. Y justo a continuación: Varón y hembra los creó. ¿Es forzar el texto entender que Dios es varón y hembra y así hizo al ser humano? ¿Es Dios la unión de la Madre y el Padre?

En el bautismo de Jesús, es el Espíritu Santo el que baja y una voz no especificada, lo reconoce como su Hijo. ¿Y si fue el Espíritu Santo el que lo reconoce como tal y no el Padre en las alturas?

Hay una tradición gnóstica que afirma que el Espíritu Santo (paloma) es Dios Madre. Y que la Trinidad la forman el Padre, la Madre (Espíritu Santo) y el Hijo, algo que parece más lógico.

En UCDM el Espíritu Santo es el confortador, el puente, el intermediario, la voz entre el Hijo y el Padre. Es la mano de Dios cercana. La parte cuidadora, acogedora, tierna que nos recuerda que somos los Hijos del Amor.

¿Y qué sentido puede tener el querer ver a Dios con género? ¡Ninguno!

Pero, a nosotros, mentes autolimitadas, que no comprendemos la supertotalidad de Dios, puede servirnos de consuelo considerar que nuestra Fuente, el Amor mismo, tiene una versión racional y otra emocional, cóncava y convexa.

Y nos damos cuenta que un cristianismo más vivo, más amoroso, ha estado vigente durante siglos y que nos ha pasado inadvertido, como un brillante escondido bajo la moqueta empolvada del salón.

(1) Imagen de Guernz11 en Pixabay

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