39. Hermanos padres

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Queridos progenitores, dejad a vuestros hijos en Paz (Pink Floyd).

Los hijos no son nuestros, son en Dios.

No se deben a vosotros, sino a Ellos mismos.

No deben fidelidad nada más que a su propio Ser.

Jesús, con 12 años, en la sinagoga, les dejó claro a sus padres las prioridades. ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Mis padres son mis hermanos. La Filiación es una tabla rasa.

Padres, os amamos, os estamos agradecidos eternamente. Pero para encontrar vosotros la Paz, tenéis que dárnosla.

Dar es recibir.

38. El Recuerdo

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En los días de instituto, estudiábamos en religión diferentes corrientes de pensamiento a favor y en contra de la experiencia religiosa.

¿De dónde venía la idea de Dios?

También en la expresión artística surgía una pregunta parecida. ¿Por qué ese mirar más allá, por qué invocar a poderes sobrenaturales?

¿Ha existido alguna vez alguien desde nuestro nacimiento como especie en la que no surgiera esa pregunta? Aunque fuera para contestarla con un rotundo NO.

¿Y si la pregunta estuviera en nuestro ADN? ¿Por qué se puso allí?

El Curso llama a esa idea, al Recuerdo de Dios, Espíritu Santo.

Es como un susurro, un picor, en el cuello del ateo, del agnóstico, del creyente.

El Espíritu llama gentilmente a nuestra puerta, una y otra vez.

Eh, en tu ecuación falta algo.

Nosotros miramos para otro lado.

Pero la cuenta sigue sin cuadrar.

37. Café con leche

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A quién no le gusta un buen café.

Energético, divertido, lleno de dramatismo, ¡gran compañero!

Demasiado negro, tampoco. Con un poco de leche. Esa blancura nos calma, nos tranquiliza.

Mi ego es cafetero. Le va la marcha. Pero le gusta intercalar buenas obras, ¡al fin y al cabo soy una gran persona! Blanquear la negrura.

Pero el café requiere agua. Agua que caliento para que atraviese el filtro de mi ego.

El agua se deja, puro amor, pero es muy suya, no deja de ser agua. Si todo se tranquiliza, ella se hace dueña.

El agua es insípida, incolora, neutra. Feliz al darse, contenta de dar la vida.

El agua busca su camino. Es humilde, le gustan los puntos bajos.

Mi alma es agua. Mi ego quiere un expresso y leche al mismo tiempo.

¿A quién elegiré hoy?

36. Grandes éxitos

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Creo que casi todos los estudiantes del Curso hemos caído en la trampa de la intelectualización. Que había que desentrañar, esquematizar, definir… Mi mente parece estar llevándome por otros derroteros.

Veo Un Curso de Milagros como un gran poema, que hace espirales, dibujando un mismo círculo pero con imágenes diferentes. No hay tanto que entender, porque todo es increíblemente sencillo. Amor-Miedo, Realidad-Ilusión. No hay mucho más.

Pero Jesús, a la manera de Dylan, te canta la misma canción en estrofas ligeramente diferentes. Para que te empape bien, hasta los huesos y limpie el pesado plomo acumulado en el sueño.

Es un poema, en el que te mete esos hitazos, esas frases que dilatan pupilas. «Nada irreal existe. Nada real puede ser amenazado», «Este no es el Evangelio que vine a ofrecerte», «¿Preferirías tener razón a ser feliz?». Y así hasta el infinito.

Y me vienen visiones de alguien en volandas sobre los fans en un concierto. O de un recital en un pub decrépito, cuatro gatos con los ojos arrasados en lágrimas.

Y Jesús es un rapero, trapero, reguetonero, blusero, roquero.

Él tiene para todos, no se cansa, lo suyo es paciencia infinita.

Quiero más.

Encore.

35. Here it comes, el Gran Amor

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El Curso nos presenta muchos aparentes enigmas, en forma de imágenes y palabras. Vuelan sobre nosotros como mariposas monarca: Expiación, Espíritu Santo, perdón, niveles…

Y como en un canción de Bob Dylan, que dura 12 minutos, y notas que te envuelve, y te envuelve…

O una danza tribal de hoguera y tamtames, hipnosis comunitaria de baile hacia Dios.

O Hilda Núñez cantando la gran verdad en Youtube, entusiasta, mística, entregada.

Así de envolvente eres. Porque sólo existes tú Gran Amor. Cada uno te da el nombre que prefiera, el más cercano a su corazón.

Eres como el Promontorio desde que se divisa el paisaje, todavía jadeantes. Pero no es necesario esforzarse, también estás cuando me dejo rodar por el talud.

Qué discreto eres Gran Amor. Cómo todos te echamos de menos, mientras apoyas tu leve cabeza en nuestro hombro.

34. Co-No-cimiento

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El mismo día aquel del bajón en el teatro, y mientras escuchaba charlas sobre ciencia, sentí muy fuerte: ¡No me importas conocimiento científico!

Lo vi tan vacío, tan superficial, como hacer una autopsia minuciosa en un cuerpo muerto hace eones.

Y vi tanto ego entremezclado en el desentrañar, tantos nombres queriendo pasar a la historia.

NO, no eres el cimiento de nada.

NO, no eres COlaborativo.

Oh mundo fantasmal, te amo porque con el Gran Amor eres también maravilla.

¡Qué bello es, anclados en la roca del Gran Amor, hacer formas caprichosas en la arena del mundo!

33. Insi-Dioso

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«Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: «Es un sombrero». Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.» (El Principito, Cap. 1).

Uno no puede ir hablando del curso así sin anestesia.

Es como hablar a gritos desde el asteroide B612 a Alpha Centauri.

¡Hace falta al menos un macarrón con dos envases de yogur al final para que haya comunicación!

No tendríamos que dejar de ser razonables. Es decir, materialistas. ¡Quién quiere parecer un loco!

Pero tampoco uno puede dejar de decir lo que siente. Y entonces, te vuelves insi-Dioso. Cuelas subrepticiamente ideas peligrosas en tu conversación, lo suficientemente razonables para no provocar levantamientos de cejas, pero que dejan un poso de perplejidad. Como un picor en un brazo escayolado.

Dios se nos cuela por todos lados.

Incluso cuando hablamos de bridge, golf, política y corbatas.

32. Cuando el cuerpo cura, Alma lleva

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Ay, dolores de mi cuerpo. ¿Los sientes tú también?

El Curso nos avisa: sólo la mente puede y debe curarse. Si la mente cura, el cuerpo también, pues es un recurso a su disposición.

Ay, mis dolores me gritan: No tienes la mente cuerda.

La paradoja es que si quiero curar mi cuerpo, no curaré nada, porque ese deseo proviene del miedo. Miedo a no tener un cuerpo diez, en todos los sentidos. Y el miedo a estar enfermo, me enferma, porque el miedo es enfermedad.

La paradoja es que el cuerpo sólo se cura cuando me importa un bledo. ¡Tengo la mirada puesta en un sitio más importante!

Cuando me sumerjo en Dios, y acepto su Luz como el espíritu que soy y digo: Dolores, ya no me hacéis falta, este cuerpo es muy útil y precioso porque es el instrumento de mi alma. Y si blanca y brillante es la Madre, blanco y brillante puede ser el hijo.

El cuerpo existe, pero indirectamente, como un reflejo del Alma.

Ay, cuerpo, ya no necesito que me duelas, ¡podemos bailar juntos en la Luz!

31. Hacéis milagros

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No estáis desaprovechando ni un solo de día de vuestra vida. Hasta el día más negro y olvidable, estáis dando amor de infinitas maneras. Un consejo, un silencio, un pensamiento amable les están arreglando el día a quienes os rodean.

Todos los días estáis on fire. Haya nubes o esté despejado en el cielo de vuestra Consciencia, vuestro sol brilla potente, a veces ardiente, otras acariciante.

Gracias por Ser como eres.

Hoy me has alegrado el día.

30. Subida y bajón en el teatro

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Asistí el fin de semana a una ronda de monólogos cómico-divulgativos en un teatro de la ciudad. Pasamos un buen rato. Subidón.

Todxs los ponentes eran todas.

Al final de las actuaciones la presentadora tuvo la necesidad imperiosa de hacer una apología del sexo XX. Todxs estuvimos de acuerdo, supongo. Pero había algo triste en ello. Como reír con Chapulín Colorado.

Interludio óptico

Al parecer hay dos tipos de gafas. Las primeras son las XX. No ves muy bien y tiendes a negarlo todo. Te indignas fácilmente.

Las otras gafas son XY. Por un ojo niegas igualmente. Muy cabreado. Por la otra, la Y, el tirachinas, lanzas rayos destructores al personal. Las gafas XY son más peligrosas, porque el lado Y es muy, muy agresivo.

Decía que terminó la actuación, la gente se levanta, se abriga y mientras Ella saluda a una compañera, yo por hacer tiempo, voy al baño. Había un aseo XX, con una larga cola de ellas. El baño XY, no tenía cola de ellos. Pero estaba ocupado.

Algunas de ellas, que esperan, me informan que hay otra ella que ha entrado en el baño XY. Imagino que una urgencia. Lo esperable era que yo esperara a que ella saliera, para luego entrar yo, con todo el derecho que dar ser un él al entrar en un aseo XY. Y ahora viene lo raro.

Ella sale del aseo. Pero de pronto a mí me viene un sentimiento de confusión, en la que no sé si soy él o ella. Me baila la Y, y empieza a convertirse en una X también. O no, ahora son dos V. O yo qué sé.

Tan es así, que realmente dudo si debería haberse creado una sola cola para los dos baños. Algo en mí se rebela ante pasar primero a un baño cuando hay muchas ellas esperando antes que yo. Es decir que la cola podría ser común, para entrar a baños X, sin más apellidos.

Ellas me animan, venga, hombre, está libre. Y me animan.

Yo abrumado por un dilema que no lo quisiera ni el mismo Kant, me despido de ellas, volviendo sobre mis pasos, con la vejiga llena.

Ojalá se me cayeran como cera derretida todos mis rasgos diferenciadores. Que X solo me parece bien. Que nada, 0, también.

Como me gustaría ser un objeto sencillo, como un pisapapeles o mantelito de encaje debajo de la tele.

Hoy rompo mis gafas. Son muy cansadas.