25. Operación Caballo de Troya

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Frase de Un Curso de Milagros: «El plan de Dios para tu salvación no se habría podido establecer sin tu voluntad y consentimiento. Tuvo que haber sido aceptado por el Hijo de Dios, pues lo que Dios dispone para él, él no puede sino aceptarlo. Y Dios no dispone nada sin Su Hijo ni Su Voluntad depende del tiempo para consumarse. Por lo tanto, lo que se unió a la Voluntad de Dios tiene que encontrarse en ti ahora, puesto que es eterno.» (UCDM, edición FIP, XXI, V, 5).

Cuando hablamos del Plan de Dios (PDD) nos suena como algo que ocurrirá en algún futuro lejano. También puede sonarnos a determinismo y revolvernos el estómago: ¿Pero es que no somos libres?

Para mí el PDD me suena a una broma. Dios es un gran juguetón. ¿Dónde esconderías tu tesoro para que los ladrones no lo encontraran? Justo ahí, en lo más aparente, a la vista de todos, para que nadie lo vea.

Venimos al mundo, a esta gran ciudad, llena de soldados y bullicio. Nos cuentan que tenemos que hacer esto y lo otro. Pero en el bolsillo del pantalón nos metieron una rara piedra inútil en la que pone «Rosebud». O resulta que alguien nos tatuó «Recuerda» en nuestra muñeca izquierda. O un gato aparece dos veces en un fallo del Matrix.

Tenemos un infiltrado, señores. Está ahí justo detrás de tus párpados, al volver la esquina del Corazón. En el lugar más prominente del salón, donde siempre miramos pero nunca «vemos». Y un día tonto una brisa caprichosa levanta un poco el velo del Caballo y surge un brillo tenue. Y lo único que pensamos es: WTF??? ¿Qué es esto?

El PDD quizá no conste más que de un pequeño truco, un humilde dispositivo instalado. Sólo hace falta para activarlo un gran cataclismo, una enorme decepción, una bajada del telón.

Y el velo del Caballo se abre. Y la luz entra a la ciudad. Y Troya no volverá a ser la misma.

23. Los ojos de Dios

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Frase de Un Curso de Milagros: «Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más deprisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la Paz de Dios. Sencillamente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que habíamos creído saber y entender. Pues así es como nos liberamos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.» (UCDM, edición FIP, Introducción Sexto repaso, 4).

Mensaje: Presenciar es algo muy loco. ¿Qué clase de capacidad es esa?

Cierro los ojos. Primero percibo oscuridad.

¿Quién percibe la oscuridad? Son mis ojos, claro, no ven luz. ¿Pero quién no ve realmente? Es la Presencia, ese cosa de fondo. ¿Quién eres tú?

La Presencia no hace nada, pero lo «ve» todo. «Ve» los pensamientos, las emociones, las sensaciones físicas. Qué raro «ve». Le llaman la Observadora. Pero no hay nada en nuestros sentidos como ese observar. ¿Cómo se puede observar un pensamiento, una idea, un dolor, una tristeza? Son cosas muy diferentes. Pero aún así Ella lo presencia todo eso.

Quizá Dios tenga esos «ojos». Quizá no sean mis ojos, sean los ojos de Dios.

Dios mirando a nuestro través. Somos un catalejo, el ojo de la cerradura. Dios olvidado de sí mismo.

¿Quién eres Tú?